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jueves, 27 de marzo de 2014

Hasta dónde te puede llevar una canción

Solo diré que el que no arriesga, no gana (siempre y cuando sepas que vale la pena arriesgarse). A veces puedes perder tu “gran” oportunidad de ser feliz por diversas circunstancias (unas más comprensibles que otras).  En realidad lo que cuenta es tomar un paso de fe y decidir qué es lo que realmente uno quiere hacer y tener en su vida, puesto que a veces la culpa que atormenta por no hacer nada es peor que el miedo mismo. 

Líneas abajo encontrarán una historia que calza perfecto con lo que estoy escribiendo ahora. No solo se trata de tomar decisiones sino también de cumplirlas. 

El amor no existe entre dos superficiales, sino entre dos valientes.

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No sé cómo llegué a esta discoteca del sur y menos a este concierto. Estaba parado entre rucas, patanes y fans enamorados. Mar de Copas, una vez más. Nuevamente con sus melodramáticas y repetidas baladas que te llevan de una alegría mesurada a la abulia absoluta. Sin embargo, una canción me paralizó por un instante.

Estaban tocando: 'Un Día Sin Sexo'. La estaba escuchando. Realmente escuchando. "Cuánto puede cargar tu vida sola. Cuánto dura una noche. Cuánto pesan dos vidas sin saber qué hacer. Si son distintas". El cigarro de mi mano se consumió hasta quemar mis dedos. Miré a mí alrededor y salí a empujones de esa discoteca.

Caminé apurado rumbo a mi auto. Comencé a tocar con desesperación el portón de la cochera. Salió el guardia y le entregué un billete arrugado de diez soles. Arranqué mi carro y aceleré con prisa hasta Lima. En la carretera seguía escuchando la canción en mi cabeza. "Hubo días en que tú diste tu brazo a torcer. Y te ahogaste en el mar de mis recuerdos. Sin saber nadar". Aceleré hasta llegar a los 170 kilómetros por hora.

Llegué a mi departamento. Entré a mi habitación y busqué una mochila. Metí la ropa que tenía a la mano y mi cepillo de dientes. Salí con prisa a tomar un taxi. Al aeropuerto por favor. Eran las cinco de la madrugada. Los vuelos salen entre las 7:30 y 8:30 de la mañana, en las tres aerolíneas que llegan hasta allá. Por los más de siete viajes que hice en los últimos dos años sé que siempre sobran pasajes, o al menos eso quería creer.

Llegué hasta el counter corriendo. ¿Tiene pasajes para venderme? , Buenos Días señor, déjeme ver. Sí queda un cupo pero sale en 20 minutos, va tener que correr. Primero caminé rápido, luego troté y después corrí despavorido. Pagué los impuestos, pasé Migraciones, luego Aduanas y cuando, estaban por cerrar la puerta 16 de la sala de embarque, llegué. Abrieron la puerta del avión. Estaba volando.

Cinco horas de vuelo escuchando la misma canción. "Y tan lejos de ti yo me hallé. Tan solo recordar a pasos de tu risa. Y frente a tu mirar. Y tan cerca de ti me encontré". Bajé corriendo las escalinatas del avión. Nuevamente Migraciones y Aduanas. Otra vez a correr por los pasillos del aeropuerto hasta encontrar un taxi.

Con la diferencia horaria eran ya las cuatro de la tarde. A la calle Costa Rica 455 por favor. Mi corazón se aceleraba a cada cuadra. Cada vez estaba más cerca. Las posibilidades se multiplicaban. ¿Estará en su casa? ¿Se habrá ido? ¿Qué le voy a decir? ¿Cómo va a reaccionar?

"Al preguntar si aún estaba vivo y encontré que eras mi vida". Bajé del auto y una vez más estaba frente a ese edificio de 25 pisos al que nunca pensé regresar. No recordaba el número del departamento. Era en el segundo piso, que para ellos siempre es el primero. ¡102! Toqué el timbre.

Respondió su hermana. ¿Si? ¿Está Maria? ¿De parte? De Diego. Un silencio eterno. Cinco, diez, quince segundos. María sacó la cabeza por la ventana de su cuarto. Yo corrí hasta estar justo debajo de ella. "No puedo vivir sin ti. Ahora lo sé. Si tenemos un problema hay que resolverlo juntos. Todos tus problemas son míos." Tantas veces lo había dicho en mi cabeza. Ella se puso a llorar y se fue de la ventana.

No me moví del lugar. Esperaba que ella volviera a salir. Me senté de cuclillas y me fumé un cigarro, hasta que sentí un abrazo. Era ella. Por fin ella. La apreté con fuerza. Quería meterme en su corazón. La besé con suavidad. Por fin estaba nuevamente junto a mí. El cigarro de mi mano se consumió hasta quemar mis dedos. Otra vez estaba en la discoteca con todas esas rucas, patanes y fans enamorados. Había acabado la canción y también mi sueño.

Tomado del blog Fe de Ratas de Diego Peralta


sábado, 28 de diciembre de 2013

La última...


Sin importar lo que vaya a ocurrir, por favor no te arrepientas de haberme conocido.


Querido príncipe sin corcel, aquí estamos otra vez… ya no hablemos de amor sino de realidades… la realidad es que no estás… y que por mucho tiempo no estuviste, solo fuiste una ilusión que quise crear. Gracias a ti aprendí lo rápido que es reemplazar y olvidar a alguien, gracias a ti supe lo que es el egoísmo… el que no te dejen avanzar, el querer tenerte a pesar de haber ganado algo ya, pero llegas a un punto en el que dices… “es suficiente”. En realidad ya me cansé de ti, de tus poses de “quiero algo contigo a futuro pero por ahora déjame disfrutar mi sitio de confort con otra persona y cuando logre lo que tenga que lograr nos volvemos a ver”.

No solo es eso… y tu muy bien sabes lo cobarde e inmaduro que fuiste, si de verdad supieras lo que es el amor entonces nunca lo hubieras dejado ir, hubieras luchado por el estando al pie del cañón pero bueno… no hay que pedir peras al olmo. En su momento te dije que tenía que cerrar círculos, que merecía una verdadera despedida para quitar ese resentimiento que tengo… pero ¿sabes qué? el esperar esa despedida significa esperarte a ti también, y es algo que no pienso volver a hacer, ya tuve suficiente drama. 

Te quise y te amé en su momento... pero ya no, los días y meses me demostraron que hay gente que verdaderamente sí vale la pena darle una oportunidad y conocerlos. Son esas personas que sin esperarlo hacen que tus días vuelvan a brillar y te hacen sentir especial de verdad. No niego que lo que tuvimos fue algo sincero, apasionado y real pero todo tiene un tiempo y espacio… y eso ya se acabó. Me demostraste que puedes ser querido y amado por alguien más y que eso te hace sentir bien, lleno y fortalecido para los nuevos retos que estás afrontando y espero que siga siendo así.

Esta será la última carta que recibirás de mí, no más… creo que ya dije suficiente… quiero que el próximo año sea distinto, en este caso que no haya ninguna sombra de ti, me basta con saber que eres feliz y estás bien. ¿Ya para qué ahondar en tu vida y tú en la mía? Algo aburrido ¿no?, no te preocupes de mis “excesos”, tanto ellos como yo estaremos bien y siendo almas libres… esa es la idea, disfrutar de la vida sin tener sombras del ayer al acecho, forjando mi propio destino sin esperar algo de ti o de los demás. Las ilusiones y promesas rotas con el tiempo se irán y lo único que quedará serán recuerdos… esos que ya yo veré si quiero conservarlos o no.

Gracias por todo lo enseñado, por todo lo vivido, por lo bueno, por lo malo, por las tristezas, las alegrías, las lágrimas, las risas, por esa distancia que me enseñó a querer y amar de verdad, por el tiempo de espera y los silencios, por el aprender a madurar y a equivocarme, gracias porque a pesar de todo siempre seguiste siendo aquel amigo que conocí en el colegio, así cambies tu forma de hablar, tu forma de vestir, nunca cambiarás a ese chico tímido que se sentaba en la parte de atrás con Christian y hablaban de animes, videojuegos y hacían dibujos extraños, ¿cómo olvidarlo?

En fin, así es la vida… seguro en algún momento nos volveremos a ver y esta vez será distinto. Cada uno habrá logrado sus objetivos y nos sentaremos a tomar algo y conversar… y ya está. Buena suerte, querido… sé feliz con quien tengas que serlo y nunca te olvides de dónde vienes y las metas que debes realizar.

Sinceras palabras de alguien que te amó... 
Y recuerda que... El amor no existe entre dos superficiales, sino entre dos valientes...!  ;)

Hasta pronto...